SALMO 119:9 "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra."

El Único digno de adoración, digno de admira, alabar y bendecir; nuestro Dios todopoderoso creador del cielo y de la tierra a el sea la honra y la gloria por todos los siglos… AMEN.

Algunos eruditos adventistas estudiaron la ley de animales limpios/inmundos logrando interesantes resultados. Junto con darlos a conocer, añadiré mis comentarios personales. Ángel Manuel Rodríguez 

1.    Levíticos 11 es única en la Biblia        De acuerdo con el ritual de Levítico, lo inmundo tiene dos características básicas. Primero, la condición de inmundo se adquiere por el contacto directo o indirecto ya sea con sangre, cuerpo muerto o esqueleto, etc.. Segundo. Este tipo de impureza se podía eliminar valiéndose de una ceremonia apropiada para esa finalidad, razón por la cual se la denominaba ritual de la impureza. No guardaba relación con las impurezas de los animales inmundos.        Este tipo de impurezas es de naturaleza esencialmente diferente, por cuanto no era adquirida: estaba en la naturaleza del animal, lo que quiere decir que eran inmundos de forma permanente. Por este motivo no existía ritual que pudiera librarlos de la impureza que le era propia, por cuanto no llegaron a ser inmundos por causa de algún contacto con elementos impuros.       Además, la inmundicia de estos animales no se transfería al tocarlos. Los israelitas podían entrar en contacto con ellos, ya sea directo o indirecto, sin que tuvieran que ser considerados inmundos. En efecto, ellos criaban animales inmundos para destinarlos a diferentes trabajos. Por ejemplo, utilizaban burros, caballos y camellos para el transporte de carga y de personas. Su impureza no afectaba de manera alguna a los israelitas. La persona llegaba a ser inmunda únicamente por consumir la carne de los animales que no eran limpios y, en este caso, no había ni un ritual a ser seguido con la finalidad de eliminar la impureza por haberlos comido. Se esperaba que los israelitas simplemente obedecieran al Señor. Debería también añadir que un animal después de morir podía llegar a ser ritualmente impuro, y la impureza del que lo tocara podía ser eliminada. Con esto observamos claramente que la condición natural de impureza del animal era diferente de la ritual.

2.    La ley también se registra en Deuteronomio 14       El hecho que la ley haya sido registrada en el libro mencionado es muy significativo, por cuanto Deuteronomio no se ocupa de las leyes ceremoniales. En este caso particular no existe discusión en el contexto de la impureza ritual. Deuteronomio 13 es una exhortación a adorar sólo al Señor. La última parte guarda relación con las leyes para el diezmo. Entre ellas figura el tema de los animales impuros. Esto sugiere que la ley de los animales impuros era una ley alimentaria de naturaleza diferente de la ceremonial.

3.    La distinción animales limpios/impuros es anterior a Moisés       La ley que establece la diferencia entre animales limpios e impuros es mencionada por primera vez en la Biblia en el relato del diluvio, antes de que existiera cualquier israelita (Gén. 7:2, 3). En el contexto del cambio en la dieta humana, mientras dos pares de animales inmundos entraron en el arca, en cambio, de los limpios fueron preservados de a 7 pares. Esto sugiere que los limpios deberían utilizarse para la alimentación de Noé y de su familia sin el riesgo de que alguna especie en particular se extinguiera.

4.    La motivación de la santidad       La razón que da el texto bíblico justifica la reglamentación singular con relación a la santidad: “Yo soy Jehová, vuestro Dios. Vosotros por tanto os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo” (Lev. 11:44). El contraste es entre lo impuro y lo santo. En el Antiguo Testamento la impureza es una metáfora del imperio de la muerte. Lo santo es aquello que pertenece a Dios y, por lo tanto, constituye un símbolo de la vida. La ley establecida busca preservar la vida de la gente, razón por la cual trata de mantenerla alejada de la esfera de la muerte; esto es, del ámbito de la enfermedad y del sufrimiento.

5.    Es una ley alimentaria       Es tan obvio que la gente lo pasa por alto. Esta ley regulaba el tipo de carne que a los israelitas se les permitía consumir y, por lo tanto, formaba parte de una antigua tradición alimentaria dada por Dios a su pueblo. Dios siempre se interesó en la alimentación de sus hijos. A Adán y a Eva les dio frutas y granos (Gén. 1:29). Después de la caída les permitió comer “plantas del campo” (Gén. 3:18) y, finalmente, instruyó a Noé para que comieran carne (9:3). A los seres humanos Dios los hizo parcialmente responsables del cuidado de la vida, dándoles instrucciones acerca de cómo preservarla para su gloria (1 Cor. 10:31). El señorío de Cristo comprende también nuestros cuerpos, por cuanto él se interesa por el bienestar de nuestra dimensión física tanto como del bienestar espiritual (1 Cor. 6:19, 20; 3 Juan 2).       No existe evidencia en el Nuevo Testamento que indique que por intermedio de su sacrificio Cristo haya eliminado la ley de los animales limpios/inmundos

FUENTE

Deuteronomio 14:21 prohíbe a los israelitas comer la carne de todo lo que se encuentre ya muerto, pero les permite venderlo como comida a los no israelitas. ¿Por qué esa doble norma?
      Algunas leyes del Antiguo Testamento son difíciles de entender, mayormente por causa de que sus razones lógicas no son claramente obvias. Esto requiere que el intérprete examine todas las evidencias bíblicas relacionadas con esa pieza particular de legislación, en un intento de entenderla mejor. Dos grandes clases de animales están involucrados: puros e impuros. La reglamentación legisla lo que se debería hacer con el cuerpo de un animal que se murió o que fue matado por otra bestia. La pregunta básica es: ¿Qué debía hacer un israelita cuando encontraba un animal de estas características en el campo?     

  1. Tocar el cadáver contaminaba: Los pasajes que abordan esta cuestión aclaran que el cadáver de un animal muerto es fuente de impureza. Por lo tanto, no debía ser tocado por los israelitas. Esto se aplica tanto a los animales impuros (Lev. 7:21; 11:28-39) como a los limpios (11:39). Se puede detectar una preocupación higiénica, pero el aspecto teológico –contacto con la esfera de la muerte, que nos separa de Dios– también está presente.      

2. Establecer controles a la legislación. Quizá lo que sorprende es que la prohibición de tocar un animal muerto no sea absoluta; existían condiciones bajo las cuales podía ser necesario. En el caso de los animales impuros, tales condiciones no eran reconocidas. En el caso de los animales limpios, se declara que su grasa no debía ser comida por los israelitas, sino que debía ser utilizada para otros propósitos (Lev. 7:24); por ejemplo, para lustrar cuero y utensilios. El hecho de que exista un uso adecuado no religioso de la grasa del animal sugiere que la persona tuvo que sacarla del animal por medio del contacto con el cadáver. Esto no significa que no haya contaminación; simplemente se permite el contacto, con el entendimiento de que la persona quedaría contaminada hasta la tarde (Lev. 11:39); éste es el caso con menor contaminación relativa.      

 3. Disponer del cadáver del animal. ¿Qué debía ser hecho con el cadáver del animal? La legislación que aborda este tema ofrece más de una posibilidad. Primero, cuando los israelitas estaban en el desierto del Sinaí, la ley requería que la carne del animal debía ser arrojada a los perros (Éxo. 22:31). Sin embargo, la ley también reconoce que podía haber circunstancias en las que la carne de animales limpios podía llegar a servir como alimento para un israelita. Estas condiciones no están definidas o establecidas, pero lo que se establece es que, incluso bajo esas condiciones, la persona que la consumía llegaba a ser impura. Dado que en este caso la ley trata acerca del consumo de la carne de un animal, la persona sería inmunda hasta la noche y debía lavar sus vestimentas (Lev. 11:39, 40).       La carne de animales limpios también podía ser ofrecida a los residentes extranjeros de Israel (Deut. 14:21). Esta legislación específica se aplica a las condiciones después de que Israel entró en Canaán. Consumir carne no era común en Israel y era probablemente más raro entre los pobres. Los residentes extranjeros generalmente eran pobres y, por lo tanto, Dios hizo provisión para que ellos comieran del cadáver de animales limpios. Dado que los extranjeros también tenían acceso al Santuario, se podría postular que ellos quedaban inmundos luego de comer del cadáver. La carne de tales animales también podía ser vendida a los extranjeros, probablemente por causa de que muchos extranjeros podrían estar en Israel por negocios y podían pagar por la carne (vers. 21).      

 4. El ideal de Dios para su pueblo. Como se puede observar, la legislación es algo más compleja que lo que parecería a primera vista. Reconoce que no siempre es posible vivir bajo un ideal en particular, pero al mismo tiempo nos recuerda –a través de la necesidad de la purificación– que incluso en esas ocasiones el ideal sigue siendo válido. También nos informa que Dios espera más de los que han entrado en un pacto de comunión con él que de los que están fuera de esa relación. Sus leyes buscan revelar el hecho de que “tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios” (Deut. 14:21).

Fuente

Intercesor

Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Éxodo 32:32.

¡Salvación! Dios trata de explicar, al ser humano, el precio de la salvación, de muchas maneras y en muchas formas. Cada incidente, cada historia, cada detalle de la Biblia, tiene que ver, de una u otra forma, con el tema de la salvación.
En el Jardín del Edén, es sacrificado un cordero: su sangre es derramada y, con su piel, se resuelve el problema de la desnudez humana. Supongo que, para Adán y para Eva, en aquel momento no había bendición más grande. Para ellos, la bendición fue gratuita, pero no para el cordero: el inocente animal, sin tener culpa de nada, tuvo que morir a fin de resolver la tragedia causada por los seres humanos. El cordero era un símbolo de Jesús, que un día derramaría su sangre en la cruz del Calvario.
El versículo de hoy presenta a Moisés como otro símbolo de Cristo. El pueblo había pecado, y la consecuencia del pecado es la muerte; por lo tanto, aquel pueblo debería morir. Pero, entonces se levanta Moisés, o mejor dicho, se arrodilla y suplica a Dios que perdone a su pueblo, aunque para eso fuera necesario que él muriera. Moisés no había hecho nada de malo; él no me­recía morir. Quien merecía la muerte era el pueblo; pero Moisés se ofrece a morir en su lugar.
¿Coincidencia? ¡No! ¿Nobleza de parte de Moisés? ¡Tampoco! Lo que Dios estaba haciendo era enseñar a su pueblo que la única manera de salvar­se del pecado es creer en la muerte de un inocente, en su lugar.
La Biblia es una carta de amor, escrita con la tinta roja de la sangre de Cristo. El amor de Dios es el tema central: un amor que sale de la simple letra y entra en el dolor de la acción.
¿Por quién intercedía Moisés? ¡Por un pueblo rebelde! Y ¿por quién mu­rió Jesús? El profeta Isaías describe a la raza contumaz y egoísta, mencionan­do que todos se descarriaron; cada uno se fue por un camino diferente. Pero, a pesar de eso, Dios hizo recaer toda su culpa en una Persona inocente que, como un cordero, fue llevado al matadero y, como una oveja muda delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca.
¿Hasta qué punto esto conmueve tu corazón? ¿Hasta qué punto eso te motiva a amarlo y a andar en sus caminos? Deja de lado la inercia espiritual; abandona la monotonía y la rutina. Renueva tu entrega al Señor. Y hoy, antes de salir a la lucha de la vida, piensa en las palabras de Moisés: “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito”.

Dios te bendiga.

 

A veces nos excedemos en el pensamiento, nos extralimitamos, y ocurren cosas en nuestra vida que traen consecuencias catastróficas. Si Dios creó todas las cosas tambien creó los pensamientos… y tú ¿Qué opinas?

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